El concepto de Responsabilidad Social de la Abogacía (RSA) parte del de Responsabilidad Social Corporativa (RSC), pero debe adaptarse a la función encomendada a los abogados, como es la defensa de los derechos y libertades de las personas, y a nuestra condición de garantes del acceso a la Justicia.
Ese compromiso con la defensa de los derechos es en sí mismo una función socialmente responsable. Sin embargo, la RSA va más allá y busca conseguir que nuestro trabajo y nuestra actitud como abogados, ya sea de forma individual o colectiva, tenga impactos positivos en la sociedad y en otros muchos ámbitos de actuación, como, entre otros, el laboral y el medioambiental.
La idea de fondo de la RSA es de colaborar con la sociedad y el modo de hacerlo es actuar en bien de ésta sin dejar de ser abogados. Más aún en tiempos en que la difícil situación económica aumenta las situaciones de exclusión social y, en consecuencia, las necesidades de consejo legal.
Ejemplos de actividades que encajan en el concepto de RSA son el trabajo pro bono, la acción social, la orientación jurídica, el buen gobierno corporativo, la formación, la promoción de la diversidad, la conciliación, la lucha contra la discriminación o las iniciativas solidarias o medioambientales.